En tu fiesta me colé
La reunión del G-20, en la que se escenificará la preocupación del mundo global por la debacle financiera, contará con un artista invitado. Gracias a Sarkozy, ZP ha logrado el billete dorado que le permitirá estar en Washington. Por Diego Sanz Paratcha. Extraído de Diagonal nº86.
Casi tres semanas de esfuerzos diplomáticos, con la ayuda de un Juan Carlos de Borbón cada vez más desenvuelto, han posibilitado que la provincia España ponga la guinda de un asimétrico e impar G-21. Hasta ahora, la diplomacia de los negocios y el vodka con Polonio 210 habían alumbrado respectivamente un G-7 y un G-8. Con las crisis financieras de los ‘90 se sacaron de la chistera el G-20: resultaba que las quiebras en México o en Indonesia también afectaban al G-fetén. En fin, la globalización feliz, la menos feliz y la infeliz han dado al mundo nada menos que un G-22 y hasta un G-33.
Hace un millón de años, es decir, antes de LA CRISIS, es decir, a finales de junio, Zapatero anunciaba que el Producto Interior Bruto español superaba al italiano, lo cual daba más alas a la vieja aspiración aznaresca de incluir a España S.A. en el G-8. Mejor codearse con las siete potencias no exactamente más industrializadas, ni con más PIB, pero sí las más potentes, que ser invitado con los demás países del G-veintitantos. Desde el comienzo del mandato de Zapatero ha habido cuatro cumbres del G-20, a una por año. No parece que asistir a este convite con las “economías emergentes” para dilucidar “asuntos clave relacionados con la estabilidad económica y global” le haya quitado el sueño. Pero en el tránsito del milagro a la bonanza, de la bonanza a la desaceleración, y de allí a la “aceleración de la desaceleración” (Solbes) hasta la crisis, Zapatero se ha visto en la necesidad de asistir a una gran cumbre que fundará “el capitalismo del siglo XXI”, en expresión chavista de Sarkozy.
Aunque sea con un abono prestado, pues sigue siendo cierto lo que afirmara Galbraith sobre este tipo de reuniones: se celebran “no porque haya algo que hacer, sino porque es necesario dar la impresión de que se está haciendo algo”.
En el psicodrama que protagonizó esas tres semanas a Zapatero no le faltaron apoyos, lo cual quizá sea un signo de preocupación. Además de Juan Carlos ‘Yoyas’ Borbón, se han sumado a la lista The Economist, Gordon Brown, Durão Barroso y el propio Sarkozy. La fórmula “por favor, siéntese usted” utilizada por el primer ministro francés resulta cómica a la vez que inquietante, porque oculta lo que realmente avala a la delegación del presidente: el carácter casi providencial que se empieza a atribuir al, llamémoslo así, sistema financiero español.
La provincia España estará en Washington por Sarkozy, porque todavía no ha habido que rescatar al SCHBBVA, porque el milagro molaba y a los medios les hace ilusión que un país así pueda arrojar algo de luz. A fin de cuentas, nadie parece tener mejores alternativas que, mientras el petróleo y los tipos de interés sigan bajando, ensayar un segundo ciclo financiero-inmobiliario que resucite el consumo masivo por endeudamiento. En ello están. Que tengas suerte, Zapa.
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