Obama presidente contra Obama candidato

La retórica del Obama candidato es un águila de alas grandes que quizá deje sin vuelo al Obama presidente. Esa promesa tan tipícamente imperial de “cambiar” el mundo – Bush ya cumplió ese sueño – será sin duda el vector retórico de la primera administración Obama. La coyuntura global en la que queda insertada esa onírica promesa y las reglas mismas que ahora Obama gestiona como presidente, es decir, la supremacía en EEUU de un capitalismo con rugido de tigre de papel y la supremacía de EEUU en el mundo, hacen que el prometido cambio tenga que ser cambiado. Quienes apoyaron al ahora 44º presidente norteamericano, es decir, en primer lugar las mismas grandes corporaciones que dieron sus millones en menor medida que también a McCain, saben desde hace mucho tiempo que el cambio que nada cambia, como ya advertiera Tocqueville, en modo alguno supone un peligro para el status quo sino más bien la única manera para que este salga sin deterioro del callejón sin salida al que lo había llevado la administración Bush. Los que, en segundo lugar, apoyaron al entonces candidato, es decir, millones de ciudadanos,  aportaron lo que  éste necesitaba para llegar a cumplir el sueño – de llegar al poder -: dinero. Y luego votos.

Llama la atención que en un país que estuvo a punto de procesar a Nixon por su encubrimiento en el asalto al hotel Watergate, o a Clinton por una liviana mentira en un aspecto de estrcita intimidad sin trascendencia política, no haya sido capaz de afrontar un proceso semejante a un presidente que ha llevado a cabo en Irak una de las más desastrosas tragedias humanas y políticas, amén de permitir la gestación de una crisis financiera que ha estallado fatalmente en todos los paises del mundo. Si estas dos tragedias las comparamos con las deficiencias estructurales de la libertad que presume EEUU – falta de seguridad social, regulación laboral, racismo, la quiebra del campo… – pueden hasta parecer insignificantes.

 EEUU pretende renovarse, desahacerse de un pasado que lo atrapa porque lo constriñe en el presente, y de ahí esa ansiedad por mitificarse y desterrar los malos mitos que por desgracia siguen siendo latentes. El hecho de  que Obama haya llegado a la Casa Blanca viene a demostrar que cualquir ciudadano no puede llegar a la Casa Blanca. Necesita su status, su universidad privada, una participación en el engranaje del sistema y, más adelante, una pavorosa capacidad financiera para hacer frente a las campañas primarias y presidenciales. Por otra parte, lo que la clase política de cualquier signo en el resto del mundo admira de Obama es su poder retórico, su producción literaria y mediática explotando un discurso casi a-ideológico pero a la vez movilizador. Es decir, lo que admira la clase política mundial de Obama es la grandeza del producto Obama.

 La pomposidad  del nuevo gobierno norteamericano está reflejado en lo que será su dominio en internet: change.gov. A no ser que consideremos cambio a cualquier cosa, como se ha evidenciado durante la campaña presidencial y problamente   ocurra con mayor motivo en el futuro, esta palabra, además de bella – por eso ha sido elegida – es de una complejidad destacable. ¿Sabe Obama lo que es realemnte un cambio?

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