El silencio de los carneros
Como apunta la prensa llamada de derechas: la inflación supera el 5%, el desempleo se acerca al 10%, las tarifas eléctricas se disparan, trescientos mil trabajadores han perdido el empleo; el sector de la construcción está parado: seiscientas mil casas tienen colgadas las llaves en la puerta y nadie pregunta por ellas; los bancos no dan créditos; los pescadores están en pie de guerra porque no pueden soportar la subida brutal del precio del gasóleo -más de un 40 % en un año; otro tanto pasa con los camioneros y los taxistas, y, hablando de incremento de precios: las amas de casa se han convertido en expertas en el “sudoku” de los productos-oferta, el último invento de las grandes superficies para animar un poco las ventas. ¡Y qué decir de las hipotecas! Los periodistas tildados de derechas en este país han pasado a hacer crítica de izquierdas, superando ampliamente por dicho lado a los sindicatos oficiales, en otros tiempos llamados “de clase”.
El gobierno, en agosto, comunicó que va a poner en marcha, para afrontar esta crisis, 24 medidas para favorecer los beneficios de las empresas y de los promotores de viviendas, que supondrán una financiación de 20.000 millones de euros en 2 años, así como la supresión del impuesto sobre el patrimonio y de 70 cargas administrativas para las empresas. Para los trabajadores… ya se nos dio 400 euros… que la patronal de la pesca y del transporte e movilice por sus intereses, no deja de er un ejercicio de cinismo, pues es indefendible que en una supuesta economía de libre mercado, con el erario público haya que financiar plusvalías privadas. Pero que los trabajadores no digan “esta boca es mía” durante toda esta crisis… es de vergüenza propia y sobre todo ajena, pues ajenos a los trabajadores son los sindicatos que dicen representarnos democráticamente en las empresas y organismos de la administración, ya que cuando se les habla de crisis, miran para el otro lado, o mejor… para la otra clase. A esto de entregar dinero a cambio de hacer la vista gorda se le llamó toda la vida SOBORNO.
Pero además podríamos tildarlo de malversación de fondos públicos, o así lo entendió el Tribunal de Cuentas que hace seis años obligó a un total de 14 organizaciones empresariales y sindicales a devolver más de 2 millones de euros al FORCEM, por la fraudulenta aplicación de las ayudas recibidas entre 1996 y 1998. Para que después
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