Y Karadzic fué entregado
En un desconcertante ataque de sinceridad o bien producto de un chapucero golpe de imagen, el gobierno serbio, por fin, anuncia la captura de Radovan Karadzic. Se adelanta así a que el buscado criminal sea capturado sonrojantemente por servicios extranjeros. No es que estos quizá desconocieran el lugar de su refugio, sino que todo pueda responder a un canje negociado: criminal – quedan dos más, Madlic y Hadzic – más moderación en la zona por parte de Serbia a cambio de una política comunitaria no hostil o quizá beneficiosa hacia Belgrado. De otro modo habría que suponer que quienes lo han capturado nunca lo buscaron o que tardaron nada menos que 13 años en encontarlo en un territorio, la reducida pública serbia de Bosnia, reducida al mínimo en lo geográfico. Esta noticia, buena por lo simbólico, ratifica hoy más que ayer lo disociado del gesto, por cuanto recopila el daño que ha generado quien ha preservado su serbio pellejo con el beneplácito de quienes hoy le detienen y otros que en su momento debieron hacerlo. Y este fuego artificial se produce en pleno debate para formar una Unión Europea en la que con razón soberbia los ciudadanos rechazan someterse a la agenda maniqueista de los negociantes gobernantes.
La imagen del general francés Maurignon prometiendo defender a las mujeres, ancianos y niños de Sbrenica primero y abandonando el lugar después pasarán a la historia de la moderna Europa comunicada por hora y media de avión. En el absurdo más negligente de cuantos pueda haber, el abandono al que Europa sometió a la población bosnia provocó que ésta se abandonase a la ayuda de estados islámicos que fueron los únicos que suministraron comida y armamento con el que defenderse del ordenado e implacable plan serbio. En efecto, dicha ayuda tenía un precio, pero al parecer más barato que el que ofreció Europa, con el agravante de que Bosnia no hizo sino declarar una independencia calcada a la que promulgó Eslovenia, sólo que ésta contaba por razones democráticas de mercado con el visto bueno de Alemania. Y en Eslovenia, en efecto, no sonaron las balas.
El argumento de la existencia de criminales bosnios carece de fundamento precisamente por la veracidad del argumento: la guerra planificada por los estertores del estado yugoslavo sólo genera crímenes colaterales que justifican el crimen original. Y en ese juego recíproco de crímenes, tienen la costumbre los cadáveres amontonarse en los caminos. A cientos de miles. A hora y media de avíon desde cualquier ciudad europea. Hoy se puede hacer una trasferencia bancaria en segundos desde Nueva York, Londres o Madrid a Sbrenica; mientras, aún se desconoce la identidad de todos los asesinados, los responsables en aquel lugar e 1995; aún está libre el señor Madlic. Serán necesarias más negociaciones tantos años después. Viva Europa.
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