Ahora que a Federico Jimenez Losantos le arrecian las demandas por injurias y calumnias que sus superiores clericales alentaron, permitieron y aprovecharon para recoger a manos llenas un espiritual índice de audiencia y publicidad, éstos están meditando retirar la mejilla al locutor ante la incesante sucesión de presumibles condenas que se avecinan. Las velas en las iglesias se encienden con monedas y las que la Conferencia puede perder juicio tras juicio suponen la vergüenza orante de los señores obispos, vanguardia diletante de moral. La alta instancia clerical ha vuelto a hacer bueno la máxima que sugiere seguir el dinero para comprender cualquier entramado.
Tiene la autoridad episcopal el milenario arte de tapar con el olvido y el silencio el escándalo en la casa de Dios. Qué recurrentes han sido a lo largo de los siglos aquellas frases que el inquisidor dirigía a los torturados herejes – “a mi me duele más” – y que resume hoy la respuesta que la Iglesia da a cualquiera de sus recientes y numerosos escándalos. Quizá tampoco es ajena la Iglesia a la confusión que ha traido el vertiginoso siglo XXI, pues tiene una irrefenable tendencia a confundir la pena que le produce la conducta de sus miembros con la penalidad de su autoridad suprema.
En su afán por negociar al alza con el gobierno socialista la financiación de la iglesia, la conferencia se conjuró en una cruzada mediática de lanza en ristre. Pero defender la bolsa de monedas que no aportan ni siquiera los mismísimos católicos lanzándose para ello en una crítica ideológica y política al, por cierto, en absoluto radical gobierno del señor Zapatero, no resulta muy ético pero es habitual de cualquier holding mediático que se precie de bien manipular. Cuestión más grave es que, para conseguir el mismo fin,se utilice el desvarío de un locutor y tres personajes más, que consiste nada más y nada menos que en utilizar a 191 víctimas mortales y miles de heridos, para concluir que la masacre del 11-M fue el resultado de una confabulación ad hoc de ETA, el PSOE, la fuerzas de seguridad, servicios extranjeros, Al Qaeda y un largo etcetera del que sólo se salva la propia conferencia episcopal y algunos de los lideresos y lideresas del PP.
Esta bufonesca teoría, que no pocas alegrías nos ha dado a quienes creíamos acabado el género satírico, se conviertió en la columna vertebral del mensaje evangélico de la Conferencia Episcopal en las ondas. Haciéndola suya, suya es pues la responsabilidad social que se deriva, pues va mucho más allá de la opinión disparatada de Losantos y del cálculo mercantilista del señor Ramírez, para dar ambas por buenas y ofrecerlas así a la sociedad en general.
Pero, una vez descubierto el fiasco lógico y puestos a rendir cuentas legales por las injurias y calumnias emitidas, la Iglesia ofrece un sacrificio de dama para conseguir una posición que le permita continuar la partida, es decir, seguir negociando con el gobierno la financiación eclesial y ciertas prebendas en materia de educación. Qué final para tan finos principios.
Entradas Recientes
Esta entrada fue publicada
el día Domingo, Julio 20th, 2008 a las 19:17 y archivada en Medios de Comunicación.
Puedes seguir las respuestas a esta entrada a través RSS 2.0.
Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu web.