Un suceso reciente que ha pasado inadvertido, la supresión definitiva de Los guiñoles por parte de Cuatro TV tras 13 años de referencia en antena, resume el camino de pendiente abajo en el que se han embarcado los medios españoles. La cadena aduce nada menos que un elevado coste económico - ¿eran más baratos antes? -, lo que, como destaca algún blog satírico, no sólo es una explicación bufa, sino que representa un no menos bufo alivio para los representados en carne y hueso, en el momento preciso en el que han de lidiar una coyuntura de severa crisis.
La muerte de los guiñoles viene a exponer a las claras el concepto que la totalidad de cadenas televisivas tiene por lo que son, por un lado, sus pilares de calidad y longevidad, y, por otro, la estulticia deliberada de sus contenidos en parilla. De los cinco programas más antiguos de la televisión española, cuatro han sufrido bien cierre, cambio constante de franja, o merma de personal - Documentos TV, Días de Cine, Al filo de lo imposible y Los Guiñoles – la mayoría de ellos pertenecientes a RTVE (1), lo que da una idea del estado de la televisión pública y del derrotero progresivo que sus gestores toman.
La parrilla televisiva generalista es un corsé arcaico en su diseño, de saldo en en cuanto a producción, e insalubre tanto en su continente como su contenido. El irreductible mercantilismo que aduce la supuesta relación audiencia-legitimidad como ideología ha terminado por engullirse a sí mismo, pues los índices de los antaño programas estrella bajan, acaban sacando a éstos de la parilla y reemplazándolos por réplicas exactas preparadas para reiniciar en bucle el camino al estercolero catódico.
En consonancia a este panorama está la liliputiense altura de mira empresarial de las cadenas en cuanto a difusión de contenidos de calidad en los formatos que permiten las nuevas tecnologías: móviles, consolas, etc..-. De todo ello se resiente en general el sector audiovisual español, pues la capacidad y solvencia de las nuevas productoras audiovisuales se ve frenada bien por la falta de valentía de las cadenas privadas o por el cortijo de influencias y mediocridad en que se han convertido las cadenas públicas tanto central como autonómicas.
La televisión en España bien pudiera podido desaparecer casi por completo. La fortuna ha hecho que las cadenas no se vean obligadas por acumulación de sentencias a cerrar el amplio panorama de programas rosa, pues en su totalidad incurren en violaciones evidentes del código penal. Paradójicamente, al mismo tiempo se reduce en la televisión los espacios de reflexión, crítica o sátira que sí están amparados por la ley. La ley, o su ausencia, la salva; la ley de la audiencia la come. Un caro espectáculo mediocre para espectadores ocres.
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(1) Hay que añadir un nuevo programa al cementerio: el conciertazo de música clásica de los sábados en TVE-2, y el programa Clásicos populares en Radio Clásica-RNE
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el día Viernes, Julio 11th, 2008 a las 13:59 y archivada en Medios de Comunicación.
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