El crepúsculo de la era del petróleo
El decrecimiento del flujo energético global será un verdadero torpedo en la línea de flotación del sistema, que se basa en un consumo energético al alza indefinido. Y se iniciará la Era del Decrecimiento, muy pronto, quizás antes de 2010, o en torno a esa fecha. Por Ramón Fernández Durán, miembro de Ecologistas en Acción. Extraído de Diagonal.
El cenit en la producción del petróleo implicará que el actual capitalismo globalizado de base financiera terminará definitivamente de saltar por los aires, si no lo hace antes. El colapso financiero se acelerará cuando entremos en la era del decrecimiento energético y del fin del crudo barato. A partir de entonces será irrefrenable y se producirá seguramente una verdadera hecatombe financiera mundial, una brusca e intensa depresión-deflación global. La deflación será del precio de los activos financieros e inmobiliarios, y puede coexistir con una fuerte subida de precios en la “economía real” –debido principalmente al alza del crudo–, al tiempo que ésta también se frena y decae bruscamente (depresión). Algo así como una “decreflación” : esto es, decrecimiento con inflación. Es preciso prepararse para ese escenario de decrecimiento obligado y de pinchazo definitivo y violento de la burbuja financiera mundial. Una verdadera conmoción para la que es preciso prepararse, con el fin no sólo de resistirla, sino de que no nos arrase.
A desactivar
Estamos abocados al colapso y/o a la guerra, si no sabemos enfrentarnos y gestionar consensuadamente el decrecimiento que se avecina. Y sobre todo si no sabemos desactivar el “Choque de Civilizaciones” al que nos quieren conducir unos y otros. Los principales actores estatales mundiales se preparan para la guerra, pues además los altos precios del petróleo permiten también a los países exportadores incrementar fuertemente sus gastos militares, siendo las grandes potencias las que les proporcionan las armas. Sin embargo, la guerra generalizada es un escenario del que huye como gato escaldado el gran capital productivo y financiero internacional, pues sabe que en ese caso un fortísimo colapso de todo el sistema mundial es seguro, debido a la enorme interdependencia internacional actual, que es muchísimo mayor que la de los años ‘30. Es por eso, quizás, por lo que desde distintos círculos internacionales se aboga por la “lucha contra el cambio climático”, como una vía para la posible transición “pacífica” hacia una ilusoria transición energética que no toque las bases de crecimiento y acumulación constante del actual sistema.
Aunque también desde posiciones alternativas se promueve un llamado Protocolo del Petróleo, que permitiría consensuar el previsible agotamiento del crudo, y hacer factible y pacífica una complejísima e ineludible transición energética.
Menor complejidad
La Era del Decrecimiento cambiará todo e implicará el colapso progresivo del actual modelo civilizatorio. A partir de entonces es inevitable el paso a estructuras sociales y productivas de un nivel de complejidad e interrelación inferior al actual a escala global. Además, las actuales estructuras de poder, estatales y empresariales (en especial, las grandes empresas transnacionales), serán incapaces de mantenerse en pie, pues se han desarrollado y se basan en un imponente consumo energético.
Durante la adaptación a ese decrecimiento, esto es, a ese nuevo escenario energético declinante, existe el peligro de entrar en un periodo prolongado de caos sistémico, militarismo, guerra y autoritarismo generalizados, de carácter quizás neofeudal y con escenarios tipo Mad Max, si no somos capaces de frenar el camino hacia la barbarie neofascista postmoderna que nos invade. Sin embargo, también puede ser una oportunidad de oro para caminar hacia otros mundos posibles, si hacemos la adaptación de forma equitativa y consensuada, intentando solventar de forma pacífica los conflictos que sin lugar a dudas se producirán –que ya están aquí–. El pico del petróleo y el inicio del fin de la era de los combustibles fósiles pueden significar la sacudida obligada de las conciencias, que es precisa para iniciar transformaciones en profundidad desde abajo, pues mientras no cambien los ‘dioses’, no será posible cambiar nada. El ‘fin de esta vida normal’ puede ser un verdadero shock que haga que las sociedades se despierten de su adicción al petróleo. Por eso, el “no más sangre por petróleo” debería ser el lema que presida el debate, la movilización y la transformación social y productiva en el futuro, pues de él se desprende también la necesidad de caminar hacia una profunda transformación del modelo de sociedad y de las actuales estructuras de poder estatal y empresarial, pareja a una fuerte reducción del consumo energético. Se han perdido 30 años preciosos para esa transformación desde las últimas crisis del petróleo, y hoy nos encontramos en una situación mucho más dependientes de los combustibles fósiles.
Además, hace 30 años todavía había un enorme potencial de transformación político-social en el mundo –al calor del 68–, y hoy en día para nada es ésa la situación, al menos en los espacios centrales. A pesar de ello, si fuera posible, sería conveniente adelantar esa transición, a buen seguro enormemente compleja, para desactivar la loca huida hacia el abismo a la que nos conduce la profundización de la deriva actual.
Cambio social
Además, el decrecimiento y la transición postfosilista es también la mejor forma de luchar contra el cambio climático en marcha. De reducir bruscamente, de verdad, las emisiones de CO2. El mejor sitio donde puede estar el petróleo remanente es en el subsuelo. Ése es el verdadero secuestro de carbono, empezar a dejar el crudo bajo la tierra. Aparte de por supuesto no abordar la explotación del crudo no convencional, frenar la expansión sin control de los agrocarburantes, reducir el consumo de gas natural y carbón, al tiempo que vamos abordando la transición hacia modelos de sociedad basados en el único flujo energético estable : la energía solar y todas sus energías derivadas (eólica, hidráulica, biomasa, maremotriz), con carácter descentralizado, de pequeña escala, control popular y sostenible. Las transiciones de matriz energética llevan mucho tiempo, dos décadas como mínimo, y no son para nada sencillas. Pero pasar de una sociedad fosilista a otra postfosilista llevará muy probablemente mucho más tiempo.
Ha tardado dos siglos en crearse este monstruo urbano-agro-industrial planetario, y llevará probablemente más de un siglo transformarlo y desmontarlo. Los futuros mundos posibles –o más bien necesarios– serán sin duda –a largo plazo– mucho menos urbanizados, bastante menos globalizados e interdependientes, mucho más localizados, autónomos y descentralizados, sustancialmente menos industrializados, seguramente menos poblados, y con una diversidad y pluralidad de mundos rurales vivos. Pero también deberían ser más justos e igualitarios, y menos violentos y patriarcales que el actual. Habrá que pasar “de lo más grande, rápido y centralizado, a lo más pequeño, más lento y más localizado ; de la competencia a la cooperación ; y del crecimiento ilimitado a la autolimitación”, lo que nos debería permitir caminar hacia sociedades más equitativas y en paz consigo mismas y con el planeta. De nosotros depende pues cómo sea la transición postfosilista, liberadora o no, que hay que iniciar ya.
EL TEMA DEL DEBATE : APORTACIONES EN TORNO A LA CRISIS SISTÉMICA. El barril de petróleo por encima de los 120 dólares, la crisis económica y financiera, el cambio climático, el aumento de los precios de los alimentos… Parece que nos acercamos a escenarios propios de películas catastrofistas. Más allá de caer en temores y pánicos paralizantes, conviene ir dotándonos de visiones de conjunto que nos permitan reaccionar en estos nuevos contextos.
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